15/06/20/06
A veces lloras y no sabes muy bien por qué. Es como si el cielo se hubiese roto y cayese sobre ti el mundo en mil pedazos. Soportar tanto peso no es nada fácil.
Ahora lloro y quizá algún día me ría de esto. Con la mente caliente no se puede ser tan frío y pensar: “las lágrimas para llorar cuando valga la pena”.
Me entristece la despedida y más aún esperar lo que nunca llega.
domingo, 20 de junio de 2010
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