
Ayer un juego de Internet me jugó una mala pasada. Consistía en hacer preguntas al “pulpo Paul” y escribir en 2 cajas diferentes las dos posibles respuestas. El pulpo se encargaba de escoger una de las cajas y de este modo predecía el futuro.
Hasta ahí todo parece divertido… pero la diversión se acaba cuando preguntas cosas estúpidas e íntimas y además de responder lo que no quieres escuchar, todo queda publicado en tu página de Internet.
Resumiendo: el pulpo me dejó en bragas… en bragas no, con el culo al aire, diría yo. Maldije al pulpo, a la santa madre ¿que le parió? y al mar Mediterráneo (por culpar a alguno) mil y una veces. Quise morir y no lloré por vergüenza, porque me parecía patético llegar a ese extremo a mi edad.
Por suerte, con 5 clics solucioné el problemón. Por desgracia, la margarita de mi ilusión se marchitó cuando el último pétalo dijo: “no me quiere”.

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