viernes, 11 de marzo de 2011

50 € = 30 minutos para desbravarse

Ayer la vi después de mucho tiempo.
Exactamente había pasado algo más de medio año. Y la vi igual.
Le dije lo mismo y ella me contestó lo de siempre. Es decir, nada ha cambiado. Soy i-dio-ta.
Y ella ¿previsible?.

Ojalá en nuestro próximo encuentro pueda demostrarle que ya soy un hombre. Que aquellos días en los que la necesitaba hasta para respirar, aquellos días en los que ella era mi mayor placer, han quedado atrás...
Pero no. ¿A quién pretendo engañar? Ella tiene algo que no se muy bien cómo explicar, pero que me hacer caer una y otra vez. He intentado evitarla pero es como un imán... todos los "polos negativos" vamos hacia ella. TODOS. Y sabemos que es una puta barata que no siente NADA. Para ella solo somos vulgares clientes que ocupan la agenda de su negocio, pero a nadie parece importarle y a ella menos todavía.

Mañanas en Orense y tardes en Castelló. Trabaja prácticamente de sol a sol. Es una máquina de hacer billetes.

Entré a su habitación fuerte y sonriente y salí llorando e impotente. Y en el recibidor, el siguiente cliente. A mi un adiós, un beso y un abrazo. A él, un hola, un beso y un abrazo.
¡Ah! se me olvidaba: "SON CINCUENTA EUROS".
Su puerta se cerró y llamé al ascensor. Una vez dentro vi una figura reflejada, pálida, y despeinada, pero bien vestida y aseada. Vi mis lágrimas y me pregunté: "¿algún día tendré una mujer de verdad?"

No hay comentarios:

Publicar un comentario