miércoles, 21 de diciembre de 2011

A mi Follower

Querido Follower,

En primer lugar quería darte las gracias por seguir mi blog a pesar de mi “ausencia”.

En verano decidí abandonar las redes sociales porque una estupidez hirió mis sentimientos, y la verdad es que desde entonces soy mucho más feliz, a pesar de que mi huída me haya separado de personas que físicamente están lejos pero aportaban gramito a gramito felicidad y sentido a mi vida. Siendo trágica podría decirte que “fue una decisión muy dura”, pero la verdad es que no me costó nada. Cuando algo o alguien te provoca dolor, vergüenza y miedo te sobran motivos para alejarte de ello… cueste lo que cueste.

Desde entonces a esta parte han pasado 4 meses y dos semanas (casi) con sus correspondientes días, y aunque parece que el tiempo pasa rápido y mi vida no cambia, siempre hay alguna novedad (aunque sea ínfimamente pequeña o insignificante).

Resumiendo mucho se puede decir que mi vida gira en torno al trabajo y una pequeña afición acuática que tenía como asignatura pendiente y me hace levantarme con muchas ganas dos días a la semana.

Mi trabajo sigue siendo el de siempre, es decir, el de hace 10 meses, y sin apenas darme cuenta ya tengo un año de experiencia en este mundo tan complejo llamado ----------. A veces me siento importante porque otras personas confían en mí su ----- y también feliz porque esas personas me cuentan cómo es el mundo que no puedo ver desde mi “ventana”. En cambio en muchas ocasiones me siento triste porque la rutina, aislamiento y falta de luz me quitan mucha energía; y por otro lado siento decepción, pues creo que no me esfuerzo lo suficiente y esa falta de interés, de ganas de aprender, me convierte en un profesional poco profesional. Al fin y al cabo lo peor de un profesional es la mediocridad, y yo la rozo con los dedos tanto, tanto, tanto, que incluso a veces la alcanzo.

A pesar de todo, otros depositan su confianza en mí (lo cual es de agradecer) y gracias a ello tendré una ocupación por un tiempo indefinido que, aunque no es lo que yo soñé ni me dé para comer ni para vivir, me permite ir vestida y tomar una coca-cola de vez en cuando. Por triste que parezca, a día de hoy eso es todo un lujo, así que espero que me dure y lo pueda aguantar hasta encontrar algo mejor. Porque las cosas no se valoran hasta que las pierdes.

Por lo demás nada ha cambiado. La familia bien, y los amigos, mejor ni hablar.

Mejor ni hablar porque uno nunca sabe quién puede leer esto, y aunque intento ser muy “polite” cuando me refiero a “hechos y personas reales” (de los cuales hablo bien poquito), hay gente que lee entre líneas y hace su propia interpretación (a veces poco acertada y obviando el contexto) y no contenta con ello malmete (sin querer o queriendo) sin tener en cuenta las consecuencias que ello pueda tener. Pero bueno, hablando en plata, me la suda lo que otros cotilleen. Sé de sobra que “medio mundo habla de otro medio” y que todos somos “dueños y esclavos de nuestras palabras”, así que el que quiera que hable de mí, que yo ya me responsabilizaré de lo que escribo. Soy una persona libre y mientras no haga daño a nadie, tengo derecho a pensar, opinar y decidir por mí misma. Al que le guste, bien, y al que no que no lea, que yo no obligo a nadie a venir ni a quedarse, así que si no le gusta lo que hay, por el mismo sitio que ha entrado aquí puede salir. Es más, si quiere despedirse a la francesa que no sufra, que yo no exijo formalismos a nadie.

Pese a todo este speech que suena bastante amenazante (por no decir mucho), lo cierto es que no estoy enfadada. Quizá porque he aprendido que debo pasar de las personas tanto como ellas han pasado de mí. Creo que con los años estoy aprendiendo a vivir al margen de las personas. Con ello no quiero decir que quiero convertirme en una ermitaña, sino que quiero vivir liberada de lo que otros piensen y quiero aprender a pensar, decidir y actuar por mí misma. Todos necesitamos de los demás y yo no estoy por encima de ello, pero ser autosuficiente y un tanto egoísta es síntoma de inteligencia y del instinto de supervivencia humano.

Con frecuencia me siento sola y creo que no he sabido escoger bien mi camino ni las personas que me han ido acompañando (de las cuales –dicho sea de paso- quedan bien pocas) pero intento asumir que sólo yo he sido la responsable de mis fracasos sociales y que mi personalidad débil y melancólica ha alimentado mis malas cosechas, provocando apoptosis amistosas una tras de otra. Pero la vida sigue y nada puedo hacer para cambiar ese pasado. Ahora, mirándolo con perspectiva, concluyo que no perdí tanto como pensaba y que las lágrimas fueron absurdas… pero en aquel momento lo que tocaba era “llorar el muerto”. Son etapas…

Y ahora ¿qué? Pues la verdad es que no me conformo con nada, aunque por otro lado poco o nada hago por cambiarlo. Mi vida me resulta un tanto insípida (tanto que sólo el agua de la piscina le da color y sabor a mis días) y viendo que el cambio de imagen tampoco ha cambiado mucho mi “entorno” (más bien lo ha destrozado), lo que debo hacer es formatear mi cerebro para limpiarlo de malas ideas y estúpidos recuerdos, y sobretodo limpiar la habitación, tirar ropa y colocar apuntes, porque el desorden físico y visual me impide sentirme a gusto en mi propio hábitat.

Fáder y Mami van a comer, y yo con ellos. El plato y el trabajo me esperan.

Hasta nueva orden,

Duna.

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