No es el amigo que una madre querría para su hijo y aunque no predique con el ejemplo, sus enseñanzas para mi han sido buenas.
Ahora que soy viejo me arrepiento de no haber tenido ese gramo de locura ni ese ataque de rebeldía que siempre le caracterizaron. Fui un niño soñador pero no ejecutor. ¿De qué sirve soñar si luego esos sueños nunca se llegan a materializar?
El bien es amigo del mal igual que la salud y la enfermedad. Yo no supe ordenar esas palabras y, por querer hacer siempre el bien acabé sintiéndome mal y esa enfermedad me hizo perder lo que yo creía que era amistad. Conclusión: mi cobardía me llevó a la soledad y ésta me obligó a aprender a jugar con las palabras. No hay mal que por bien no venga... ¡y una mierda! Hubiera preferido aprender de la calle y no de los libros.
Así que tú que aún eres joven, haz caso de lo que te digo: vive, bebe, ríe, sueña, entra, sal, suspende, trasnocha, empalma, folla, blasfema... porque la vida es un viaje corto pero duro y ya que que estamos aquí de paso, por lo menos alegrémonos la vista.
"No hay nada bueno ni malo si el pensamiento no lo hace tal"
Copyright de un sabio
miércoles, 22 de septiembre de 2010
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