Después de un año sigo sin entender muchas cosas.
Sigo sin encontrar un sitio ni un por qué ni un para qué. A veces estoy triste por nada y otras contento por el simple hecho de estar viviendo, pero todos los días reina en mi vida la eterna duda de saber si el camino que he escogido me llevará a algún destino (sea cual sea).
Y a pesar de todo intento luchar porque sé que en el fondo soy muy afortunado: tengo una mente y un cuerpo que me obedecen. ¿Cuántos desearían poseer tan valiosos tesoros? Muchos. Y sin embargo ni yo ni muchos otros lo valoramos.
Mañana será otro día de trabajo entre cuatro paredes que no me aportan nada. Ni sienten ni padecen. Ni siquiera se quejan cuando cada día sufren el desprecio de mi mirada asesina. Ellas no tienen la culpa. En realidad nadie la tiene, sólo YO y las terribles ideas que se cuecen en mi interior.
Esas paredes son mis enemigas y también mis amigas, pues a ellas les confío mis secretos más profundos. Incluso aquellos que me avergüenzan.
Lo hago porque estoy solo. No tengo amigos y si los tengo no son los de antes. Porque las relaciones se vician, se caducan, se agotan y se rompen.
No sé si yo he cambiado, pero ya no somos los que éramos.
Sigo sin encontrar un sitio ni un por qué ni un para qué. A veces estoy triste por nada y otras contento por el simple hecho de estar viviendo, pero todos los días reina en mi vida la eterna duda de saber si el camino que he escogido me llevará a algún destino (sea cual sea).
Y a pesar de todo intento luchar porque sé que en el fondo soy muy afortunado: tengo una mente y un cuerpo que me obedecen. ¿Cuántos desearían poseer tan valiosos tesoros? Muchos. Y sin embargo ni yo ni muchos otros lo valoramos.
Mañana será otro día de trabajo entre cuatro paredes que no me aportan nada. Ni sienten ni padecen. Ni siquiera se quejan cuando cada día sufren el desprecio de mi mirada asesina. Ellas no tienen la culpa. En realidad nadie la tiene, sólo YO y las terribles ideas que se cuecen en mi interior.
Esas paredes son mis enemigas y también mis amigas, pues a ellas les confío mis secretos más profundos. Incluso aquellos que me avergüenzan.
Lo hago porque estoy solo. No tengo amigos y si los tengo no son los de antes. Porque las relaciones se vician, se caducan, se agotan y se rompen.
No sé si yo he cambiado, pero ya no somos los que éramos.

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