Volver a casa cansado y cabizbajo girando tímidamente la cabeza para seguirte con la mirada mientras te alejabas. Así un día, y otro, y otro, y otro... hasta que perdí la cuenta. Sin embargo, pensar que mañana tendría otra oportunidad me devolvía la sonrisa y las ganas de caminar.
Hubo días graciosos y momentos de complicidad... o al menos ése es el recuerdo que guardo en mi memoria. Segundos insulsos pero que para mí parecían inolvidables. Conversaciones de temática anodina y miradas profundas que lo decían todo. Entonces yo era un niño, y tú, aunque infantil, sabías muy bien lo que querías.
En aquel tiempo fuiste mi vitamina C, mi adrenalina, mi gasolina. ¿Qué fui yo para ti?
Nunca hubo una despedida, simplemente nuestros caminos empezaron a ser divergentes. Hoy pienso en aquellos días y sueño poder volver a verte para poder decirte adiós para siempre.

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