lunes, 21 de marzo de 2011

25

21 de marzo de 2011.

No debería escribir. O sí. ¿Qué más da? De hecho no estaba triste hasta el momento en que me he puesto a ello, pero creo que es necesario. Es necesario que escriba y también es necesaria mi tristeza, pues suele ir acompañada de sinceridad.

Esta noche estoy meditabundo. ..

Volviendo la vista atrás en estas hojas de mi blog virtual me he dado cuenta de que el 90 % (si no más) están dedicadas a Ella o hacen mención a Ella o indirectamente hablan de Ella. ¿Será que mi vida es Ella?, ¿será que estoy loco por Ella?, ¿será qué…? Ya no tengo dudas: ES QUE soy idiota.

Ya ni sé cuántas veces me he culpado por ser y sentir así. Y he jurado y perjurado mil veces que JAMÁS volvería a cometer el mismo error. Pero vuelvo a caer una y otra vez. Soy algo así como la mosca cojonera que viene y va una y otra vez a la misma mierda. Es una comparación… digamos… ¿tosca? pero no encuentro otra forma mejor de describirme. Así de insignificante y rastrero me siento.

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Mañana cumplo 25, pero me siento como si aún no hubiese pasado los 15 y ya tuviese 85. Así de joven y de viejo me siento. Es algo raro e incómodo.

Con 15 años, Ella sería para mí un anhelo imposible. Con 85 una vieja ilusión. Con 25 un futuro inexistente y hoy para mí Ella es una vieja ilusión que se ha convertido en un anhelo imposible con un futuro (próximo y lejano) inexistente.

Ya sé que Ella no es para tanto ni yo soy para menos, y también sé que un día leeré esto y veré lo patético que he sido y lo mucho que he desperdiciado mi juventud luchando batallas perdidas, pero esta noche, al igual que muchas noches de estos últimos meses, pienso en Ella. Pienso en cómo habrá sido su día. Pienso que se queda dormida y la despierto con un beso. Pero todo son men-ti-ras. Cuentos para no dormir.

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Creo que desde hace un tiempo, Ella tiene su príncipe azul y vive con él en un mundo de color de rosa. Mientras tanto mi corazón blanco se tiñe de negro porque una tímida y minúscula ilusión se ha muerto en él.

Pero la vida sigue. Y cada día amanece sin importarle nada ni nadie. Ni siquiera YO. Y… voilà! Como por arte de magia mi ciudad se despierta mientras yo remoloneo unas horitas más entre mis sábanas (frías y vacías).

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Tengo suerte de haber nacido y haber vivido aquí, en este Primer Mundo. Incluso en este país de catetos y vagos y en una ciudad contaminada.

Tengo padres y hermanos mayores (por suerte). Tengo una familia que me acepta (que no es poco) y aunque somos muchos, si no estoy mi ausencia si se nota.

Tengo amigos, aunque contados y algunos a veces están un poco locos.

Tengo un trabajo en el que raramente curo, pero siempre escucho y mimo.

Tengo un cuerpo aparentemente sano y dentro de él un corazón enorme que da a quien ya tiene, a quien no se lo merece y al que no da nada a cambio.

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Pues sí, mañana amanecerá en Madrid. Y todo estará perfectamente colocado.

Hoy, para mí, Madrid lo tiene todo, pero no los tiene a todos y entre ellos está Ella.

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